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HABLA CUANDO SEA NECESARIO  Parte II

  • Devocional MICPA
  • 15 nov 2018
  • 2 Min. de lectura

Muchos creen que para ser un buen comunicador hay que hablar bien y hasta estudiar oratoria pero es una verdad a medias porque para que una persona sea un extraordinario comunicador debe-saber-escuchar-bien y el problema radica en que, como nadie nos ha enseñado a escuchar, vivimos en las trampas de nuestras propias palabras. Todos somos inteligentes y hablamos de lo que conocemos, pero el sabio sabe callar para escuchar y aprender lo que todavía no conoce. Falta gente que sepa oír y el mundo sería radicalmente distinto.

Hay mucha bulla y poco silencio. Por ello reza un Proverbio Chino: “habla solo si consideras que tus palabras son mejores que tu silencio”; entonces nos ahorraríamos conflictos y peleas. De hecho muchas separaciones conyugales y divorcios se dan por efecto del mal uso de la lengua, en donde hay vida y muerte. Es muy poderoso vivir esos momentos de silencio y guardar tu lengua, así podrás descubrir quién te quiere ofender, discernir con sabiduría y diluir las situaciones; mientras que el necio es híper sensible a la ofensa, irritable, reiterativo, orgulloso y altivo. La necedad y el orgullo gritan, la sabiduría calla.

En varios pasajes de la Biblia veremos cómo los maestros de la ley le reclaman a Jesús porqué sus discípulos no observan las normas y Él les aclara que deben dejarse de legalismos, porque lo que contamina al hombre no es lo externo sino lo interior que sale de tu boca es lo que daña, contagia y contamina al hombre; además que Él no vino para condenar a nadie sino para rescatarlo y liberarlo de toda atadura. Hay mucho barullo que proviene de lo que piensa el sistema del mundo, que cuesta mucho superar, que genera hacer hasta lo que no quieres y que no permite que expulses aquello que debes sacar de ti. Pero entendamos que solo el silencio es la mejor antesala de la sabiduría y toda persona debe tener esos espacios de silencio porque ahí es que se manifiesta el Salvador que está tocando la puerta de tu corazón para que le abras, Él more y se quede contigo.

Mateo 15:11 “Lo que contamina al hombre no es lo que entra por su boca. Por el contrario, lo que contamina al hombre es lo que sale de su boca”.

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